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Generosidad cotidiana

¿Será tan difícil ser generosos cuando manejamos? A mí me toma solo 10 segundos diarios, y me hace feliz.

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Ana María Herrarte - Consultora

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Desde hace mucho tiempo tengo este tema en la cabeza y no me animaba a escribir al respecto porque no estaba segura de que superara el filtro de la relevancia, pero todos los días lo pienso y por eso finalmente me decidí a compartirlo.

Voy a empezar con una historia que establece el contexto, además, me encanta contar historias. En el año 2001 a mi papá le dio un derrame, 11 días en cuidados intensivos, cuando salió el doctor dijo que ya no podría trabajar, tuvimos que cerrar su imprenta. Tristemente todos los empleados tuvieron que irse, pero mi papá se negaba a dejar ir a su motorista, había estado con él por muchos años, lo llevaba a todas partes desde a visitar a sus clientes, hasta a recoger a mi hija en la escuela. Me pidió que me quedara con él, pero yo no podía, estaba iniciando una nueva etapa profesional sola, como emprendedora dirían ahora, después de enfrentar una experiencia muy difícil y mi situación económica no era la mejor. Fue tanta su insistencia que acepté, confiando en Dios que mi situación mejoraría. Desde ese momento Carlos, como lo hizo con mi papá, me llevaría a todas partes, rápidamente me acostumbré a eso porque era totalmente conveniente ir concentrada en mi próxima reunión o hasta terminando de revisar el informe que iba a presentar, en lugar de preocuparme por encontrar una dirección o por buscar a dónde parquearme. Pasé casi 20 años así hasta que en diciembre de 2019 Carlos se jubiló y se fue a su casa a gozar de ese merecido descanso. A inicios de 2020 empecé a considerar contratar un nuevo motorista, pero no llegué a hacerlo porque, como todos saben, en marzo nos encerraríamos en nuestras casas y ya no me haría falta.

Pasé varios meses trabajando desde mi casa, "home office", pero la vida me tenía una sorpresa y en octubre recibí una propuesta de trabajo que cambiaría radicalmente mi rumbo profesional y me sacaría de mi casa para ser parte de una aventura maravillosa. Los primeros días un familiar me prestaba a su motorista para que me llevara a las reuniones en el bulevar del Ejército, porque, debo confesar, a mí me daba miedo manejar. Las reuniones eran a las 9 de la mañana, el motorista llegaba por mí a las 8. Pero un día eran las 8:20 y no llegaba, lo llamé y me dijo que se había dormido, que si podía esperarlo unos 20 minutos, obviamente no podía. Me subí al carro y manejé, estaba aterrada, más o menos recordaba la ruta que él tomaba y con dificultad pero llegué. De regreso me perdí. Fue una experiencia difícil, pero ese día decidí que ya no debía depender de nadie, aunque casi tendría que aprender a manejar de nuevo. Lo que más me costó fue aprender a estacionarme en posición de salida, como exigen en algunos lugares.

Ha sido todo un reto, entendí el significado de algo que escuché decir muchas veces a mis amigos, de que la calle es una jungla y es la ley del más fuerte. Para salir de mi colonia debo incorporarme a la prolongación de la Juan Pablo II a la hora que la fila de carros es interminable y como soy muy respetuosa, espero hasta que alguien me permita hacerlo, cuento los vehículos que pasan sin permitírmelo, ¡a veces son hasta 20! No puedo comprender por qué, si solo les tomará un segundo. Pensé que era importante no ser igual y me inventé el concepto de "la generosidad cotidiana", todos los días me pongo la meta de darle paso a por lo menos 10 personas y eso incluye, con precaución por supuesto, a los peatones que se quieren cruzar la calle, en especial a la altura de ISSS. No falta quien me pite para que avance.

La generosidad es el hábito de dar o compartir con los demás sin recibir nada a cambio.

Lo cotidiano es aquello que las personas tienen por costumbre hacer de manera habitual en su día a día. ¿Será tan difícil ser generosos cuando manejamos? A mí me toma solo 10 segundos diarios, y me hace feliz.

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Tags:

  • generosidad
  • cotidiano
  • calle
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