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Asuetos son sinónimo de abusos en la ingesta alcohólica

Pero pese a que sus consecuencias constituyen un gran impacto sociosanitario transversal a distintos grupos de población, a los costos que supone para los menguados servicios sanitarios y a las pérdidas materiales que supone, en especial en los asuetos, denunciarlo continúa siendo poco menos que un tabú.

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La cantidad de salvadoreños que consumen alcohol de modo regular es igual entre la población de 18 a 24 años que en el grupo etario entre los 45 y 65 años, según un estudio internacional efectuado hace ocho años.

El mismo documento establecía al alcohol como la sustancia psicoactiva que más se consume en El Salvador: de cada dos personas, una la habrá consumido al menos una vez y pese a que la ley regula su venta a personas menores de edad, de cada cinco una ya la habrá consumido, aseveraban las conclusiones del estudio, que subrayaba la urgencia de concientizar sobre y reducir los índices de consumo.

Otros análisis han dado repetida cuenta de la incidencia de la ingesta de alcohol en la cantidad y en la gravedad de los accidentes de tránsito que luego del encierro pandémico alcanzaron números superiores a los de la década anterior. Las estadísticas fueron alcistas aun cuando en el último trimestre de 2021 se aprobaron severas reformas al Código Penal para aumentar las penas de cárcel para las personas que ocasionen daños por manejar en estado de ebriedad o bajo los efectos de las drogas.

Las penas por conducción temeraria pasaron de entre uno a tres años de prisión a entre cuatro y seis años, con agravante cuando se vea involucrado transporte de carga o de pasajeros. El límite máximo de alcohol permitido a los conductores es de 46 miligramos, y es tipificado como conducción peligrosa cuando se superan los 99, según el Reglamento del Transporte Terrestre.

Los periodos vacacionales son inevitablemente campo fértil para los excesos en el consumo de drogas de toda índole, reflejado en las ya tradicionales imágenes de accidentes viales y el prontuario fatal que las autoridades prevén de manera irremediable. La noción de que el consumo de alcohol y la intoxicación por su ingesta están asociados de modo automático a la socialización y aprobación del recurso abusivo a esta sustancia han contribuido a la naturalización del alcoholismo y de sus efectos.

Por eso, sin importar de cuantas leyes se eche mano, el consumo de bebidas alcohólicas continúa siendo un importante problema de salud pública en El Salvador. Pero pese a que sus consecuencias constituyen un gran impacto sociosanitario transversal a distintos grupos de población, a los costos que supone para los menguados servicios sanitarios y a las pérdidas materiales que supone, en especial en los asuetos, denunciarlo continúa siendo poco menos que un tabú.

El abuso del alcohol puede provocar decenas de enfermedades desde trastornos del comportamiento hasta afecciones gastrointestinales, cánceres, accidentes cardiovasculares y reproductivos. En las mujeres, su consumo durante el embarazo es causa de daño prenatal y aumenta el riesgo de parto prematuro.

Ante la pandemia, la población aprendió nuevos hábitos, mismos que está dispuesta a desaprender a la primera oportunidad de relajación. Pero eventualmente, el coronavirus ahora o la viruela símica mañana serán un riesgo controlado, atenuado por la inmunización masiva y un estilo de vida enfocado en la higiene personal. De lo que la sociedad no podrá liberarse sino después de un largo proceso de reeducación y concientización es del efecto del abuso de las drogas sociales o legales, con el alcohol en el primerísimo orden. Es un proceso en el cual el Estado y las autoridades pueden participar como auspiciadores y caja de resonancia pero que depende decisiva y últimamente de cada persona, de su deseo de mejorar, de sus ganas de vivir de mejor manera y proteger a la comunidad.

Cualquier día es bueno para comenzar. Por ejemplo, hoy.

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Tags:

  • asueto
  • abusos
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